“El Mal Quedado” una obra donde la clave es fluir

Critica de la Obra publicada en la Revista Babieca No 37 
@quimeradann

La silueta, a través de una pantalla blanca, muestra un pasado lejano, donde la relación con las montañas es atravesada por la muerte. “Trae las plantas, Isabel, que se queda la abuelita.” Grita una mujer. La abuela ha muerto, pero se ha quedado, en espíritu. La responsable de lugar y la hora en la pequeña Isabel, quien es prácticamente expulsada del cerro que la vio nacer y con la amenaza de una persecución perpetua.

Todo huele a hierbas, el aroma a eucalipto y a ruda resalta en Intel la variedad de ramas que carga sobre la espalda la hierbera. La montaña prácticamente será trasladado al Prometeo, donde se lleva acabo el mal quedado. Las hojas están secas y crujen al paso de los pies desnudos de esta mujer que canta y pronuncia varios nombres la mayoría femeninos. Son sus plantas.

Isabel Chacahiebras toma una escoba y dar la bienvenida a su puesto de curación. “Esperen nomás un ratito, ya les atiendo, se me ha hecho un poco tarde”, dice, mientras retira las pantallas blancas y barre su portón con ruda. La mente del espectador se traslada al mercado San Francisco o a los estrechos locales de la calle Rocafuerte en el centro de Quito, donde los quiteños van a dejar sus maes desde hace varias décadas y hacen fila para ser atendidos sobre todo a fin de año.

Ella toma varios estados y los cuelga en Sawgrass que atraviesan su espacio de trabajo, mira esas hierbas como una madre a su hijo pequeño, las acaricia, las huele, las acomoda para que se sequen sin maltratarse a un lado sobre una silla de madera, reposa un sombrero blanco, propio de la provincia de Chimborazo, y ella le habla como si de su abuela se tratara. El accesorio hace juego con su coloroda vestimenta que incluye una blusa blanca, fajas en la cintura que sostiene el anaco verde y un collar rojo que contrasta con el resto de colores.

“Estoy preparando todo para ayudar a don Mateo González, él se ha quedado” Dice como un secreto. Cuenta que siempre hay una hierba que cura algún mal. “Mal aire, mal de espanto, el iris blanco, el mal de vertiente y la montaña, el mal de ojo, hasta del calzóneado. Pero el mal quedado, es más difícil”

Ella ha tenido que ir a ver las piedras en la quebrada y buscar las plantas en la montaña. Todo lo aprendió de su abuela, por ella se hizo curandera. “En cada comunidad están las mamás y los taitas que pueden curar”, relata. De hecho su abuela la salvo cuando nació. Le contó que en el vientre de su madre también había un hermanito, pero que murió al nacer. La pequeña Isabel casi se va detrás de él, porque, según la creencia, el “muertito” se la queria llevar. “Anda cantando y bailando bonito, déjale aquí a Isabelita”, remomora la hierbera. Así fue como se salvó de morir igual que su hermano. “Yo no era de nacer”, susurra.

Ando recuerda a su maestra, abre los ojos como si lograr a verla a través de las palabras. Sabe muchas cosas. Las tradiciones de su pueblo en la acompañaron a la capital, conduela muy joven. “Siqui, siqui, siqui, saca, durmiendo juntos guagua se saca”. Canta, mientras busca las hierbas para el Mall de espanto, las huele, les pide permiso antes de usarlas para curar.

Avanzar es la consigna

El argumento del monólogo está atravesado por el eje del mal quedado, se lo nombra y también lo asusta a Isabel al mismo tiempo. Ella promete ayudar a don Mateo, pero entiende que ella misma debe realizar el ritual, en casa. Cuando murió la abuela de la hierbatera, ella no fue capaz de terminar el ritual a pesar de la orden de su madre, no la dejó ir a la abuela.

El mal del quedado es aquel que se produce cuando el alma de los difuntos deambula en la casa donde vivieron o permanecen junto a su ser querido. Isabel vivió con la presencia de la abuela por muchos años pero hay que avanzar.

“Aplica para todo en la vida, no detenerse Signal tanto para atrás”, dice la actris. El Monólogo es de la organización Quito Eterno Estuvo dirigido por Edgar Freire y se presentó desde el 17 hasta el 19 de enero en el teatro Prometeo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en el marco del quehacer cultural de este colectivo que se ha centrado en promover el disfrute de los patrimonios, la construcción de la ciudadanía y la convivencia social, a través de experiencias artísticas, pedagógicas y de investigación social.

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